jueves, 15 de noviembre de 2007

toda una confesiòn...


En una carta fechada el 30 de febrero de 1944, advierto a mi amiga de la cofradìa Marcardi, que tanto los miembros de la secta La paredoni (nombre devenido en Laparedoni) como los hidalgos integrantes de la cofradìa Ruleska somos imposibles de contactar, mas bien tomamos contacto con nuestros fieles en maternidades, sanatorios, subterràneos y kioscos, como asì tambièn a las salidas de cines y consultorios odontològicos. Allì solemos ofrecer peines, estampitas, velas de colores, sahumerios, preservativos y todo objeto destinado al ocio o a la reflexiòn.

Algunos subditos de la secta Ruleska, vulgarmente llamados 'los despeinados sin gel', o simplemente, Ruleskys, prefieren acudir a las salas de chat, adonde sorprenden gratamente a los desprevenidos usuarios de sala al introducir sus sedosidades pilosas por los hilos del ratòn, facilitando el roce en la yema de los dedos del futuro sùbdito, que de inmediato comienza a 'ratonearse' ayudado por toda clase de recursos, contàndose entre tales, poemas èpicos, frag. de Buckovsky, arias griegas, caramelos de propòleo o el sencillo juego con frutos de estaciòn. (vèase imàgen satelital)

Este recurso, pese a su alta significaciòn virtual, es gratificante para ambas partes, aunque se han registrado casos de calvicie compulsiva, producida por el apasionado paso de los rulos hacia el àvido contactado que, en su deseo de corresponder termina quedàndose con la cabellera del Rulesky en la mano.

Luego de dejar claro que no pertenezco a este ùltimo subgrupo y se suplicar no difunda estos datos, me despido de mi amiga Mascardi, invitàndola a un àgape, donde como colofòn inauguraremos una pista de rayuela, ademas de concursos de columpios a vapor, salto al elàstico y terribles desafìos de los siniestros yo-yo.

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